Foto: asamblea de trabajadores de John Deere en 2021.

AYER Y HOY DE JOHN DEERE

Ya han pasado dos meses desde el fin del último conflicto obrero en Getafe. Los paros que emprendieron los trabajadores de John Deere dieron lugar a la readmisión de varios de sus compañeros, que habían sido despedidos debido a “directrices marcadas desde arriba”. En pleno proceso de desindustrialización, esta experiencia debe servir a los trabajadores para prepararse ante futuros ataques de la patronal. Y más aún tratándose de una fábrica con un gran legado de luchas históricas, que deben ser conocidas y sintetizadas de forma crítica. En este artículo se trazará un esbozo a grandes rasgos de la historia de la fábrica, así como de sus luchas más relevantes.

Foto: fragmento del documental "Super 8" donde un grupo de niños sujeta una pancarta que dice, no permitais que pasemos hambre.
Foto: fragmento del documental "Super 8".

Orígenes y primeras luchas.

John Deere Ibérica nace con la adquisición por parte de John Deere de la antigua fábrica de tractores de Lanz Ibérica S.A. en 1962. Hasta el momento, Lanz S.A. era una empresa creada con capital alemán en 1956, que tras la compra norteamericana aumenta drásticamente su productividad. La planta de Getafe tuvo un papel notable en la mecanización del campo castellano, lo cual redujo la carga de trabajo agraria, y obligó a los campesinos a hacinarse en los incipientes barrios periféricos de las ciudades. Lo trascendente de todo esto es que con este proceso surge una gran masa de proletarios urbanos que empezarán a trabajar en las fábricas, consolidándose así el capitalismo industrial durante la etapa fascista.

Comienza el surgimiento del primer movimiento obrero en Getafe.

La descomposición del régimen económico franquista y la progresiva apertura del mercado vinieron marcadas por varias reformas que generaron una gran conflictividad política. Asimismo, el auge de la producción industrial de sectores como el aeronáutico (C.A.S.A), aparatos domésticos y clínicos (Kelvinator, Siemens), telecomunicaciones (Intelsa), o maquinaria (John Deere, Wafios) hizo aumentar también la población trabajadora. Esto se tradujo en el surgimiento del primer movimiento obrero en Getafe (1965-1975), organizándose en sindicatos ilegales y alternativos al Sindicato Vertical.

A lo largo de dicha década se da una escalada del movimiento obrero. Tras la aprobación del Decreto de Contención Salarial, estalla la Huelga General de enero de 1976. Se moviliza alrededor de 400.000 trabajadores de todo el Estado y de múltiples sectores: metal, construcción, transportes (Metro de Madrid), química…

Alrededor de 700 obreros de John Deere y de Wafios se encerraron en la parroquia de San Sebastián.

En Getafe, varias fábricas cierran durante semanas, y se producen manifestaciones, encerronas y confrontaciones directas entre los trabajadores y la policía. Alrededor de 700 obreros de John Deere y de Wafios se encerraron en la parroquia de San Sebastián en calle Madrid. La Alhóndiga fue testigo del despliegue de una manifestación de hasta 10.000 personas (en una población de menos de 100.000), la cual fue brutalmente reprimida por la Policía Armada y la Guardia Civil. Se consiguieron grandes mejoras salariales como las de un 40% en el sector de la construcción. A nivel político, se considera esta huelga una de las causas de la caída del gobierno de Arias Navarro, sustituido por un Adolfo Suarez que representaba el cambio de fachada necesario durante la transición.

Huelga histórica de 1981.

Foto: encierro en la Huelga de enero de 1981.
Foto: encierro en la Huelga de enero de 1981.

Con el auge progresivo del desempleo a lo largo de los años 80 (alcanzando cifras de hasta 5.418 parados en Getafe en 1981), unido a las deplorables situaciones de falta de vivienda, miseria y falta de servicios, el movimiento obrero se radicaliza. Además, a partir de septiembre de 1980, comienza un plan de reconversión industrial dirigido por la CEOE y por el gobierno de Calvo-Sotelo, marcado por una nueva política de negociación fundamentada en imponer las reformas a base de decreto y no negociar con los sindicatos. En noviembre surge una Huelga General del sector del metal de Euskal Herria en solidaridad con los obreros de Echevarría (siderurgia). Los vientos de lucha soplaron hasta Getafe, y con una regulación del empleo en John Deere, con la que se pretendía despedir a 127 trabajadores, la Huelga vasca es secundada por todo el pueblo.

Lo inédito fue el paro total de comercios, bares, mercados, y todo tipo de negocios que no abrieron en todo el día.

En septiembre comienza la huelga en John Deere, y se desarrolla durante 82 días. El 19 de noviembre se convoca la Huelga General y el 24 se produce una masiva manifestación, a pesar de la fuerte oposición de UGT. Se consigue un gran seguimiento por parte de los trabajadores de Siemens, C.A.S.A y Uralita, y se detiene parte de la construcción del Sector 3, aunque lo inédito fue el paro total de comercios, bares, farmacias, mercados, kioscos y todo tipo de negocios que no abrieron en todo el día. La Huelga de 1981 fue un claro ejemplo de que la unidad de clase tiene que ir más allá de los límites de la fábrica, del sector y de los límites geográficos o nacionales.

Foto: cartel anunciando el cierre solidario de un negocio.
Foto: cartel anunciando el cierre solidario de un negocio.

En 1982, se anunció el cierre de la fábrica de Kelvinator, así como más regulaciones de empleo en John Deere, CASA, Ericsson, Marconi o ITT Standard, que afectaron a más de 7.000 trabajadores. En mayo surge otra Huelga de Solidaridad contra el cierre de Kelvinator que lamentablemente fracasa, dejando en paro a 2.100 obreros. Para hacernos una idea de la magnitud de esta reconversión industrial, entre 1977 y 1982 la industria destruyó hasta 600.000 empleos.

Esta reconversión sobre todo se producía en sectores con gran concentración de capital, o sea con fuerte presencia de monopolios, así como en aquellos con una gran presencia de la empresa pública (el Estado, otro gran monopolio) y con sindicatos poderosos. Se debe entender el monopolio no como la existencia de una única empresa en un determinado sector, sino como la tendencia a una situación en la que un grupo de oligarcas financieros controlan las acciones principales de una empresa o banco, las cuales a su vez controlan otras empresas más pequeñas. Y sí, sin lugar a duda, John Deere forma parte de un monopolio.

Todo este proceso de reconversión está enmarcado en una dinámica aún más general de, por un lado, crecimiento de la dependencia de España respecto a la Unión Europea y, por otro, deslocalización de la producción industrial a países del tercer mundo. El imperialismo, el reino de los monopolios, destruye todo lo que encuentra a su paso, haciendo a los ricos más ricos y a los pobres más pobres.

Actualidad y síntesis: recuperemos el hilo rojo de la Historia.

Aunque los tiempos que ahora corremos los trabajadores sean muy distintos, las dinámicas y estructuras generales del capitalismo no tanto. Hemos pasado ya por muchas reconversiones y reformas laborales, y existe cierta experiencia en cuanto a lucha sindical se refiere. Sin embargo, esta resistencia frente a las agresiones del sistema se antoja como una condena perpetua: ¿cuándo terminarán los despidos? ¿Cuándo dejará de haber desempleo? ¿Viviremos alguna vez libres de explotación? Lo primero que tenemos que entender es que las buenas condiciones laborales que la lucha sindical ha conquistado con años de sindicalismo, se pueden desvanecer como el humo si abandonamos la lucha. Al fin y al cabo, después de toda esa lucha histórica en John Deere, la patronal aprovecha la pandemia para despedir a 11 trabajadores. La ejecución de estos despidos por parte de la empresa proviene de unas tensiones entre los altos cargos de la multinacional, que en J.D. Ibérica se traduce en el despido de trabajadores, alegando que la directriz “venía desde arriba”. 

Tenemos que acabar con nuestra condición de eternos explotados que resisten a las agresiones del capital.

Una vez más, vemos cómo causas externas a la clase obrera acaban sentenciando en contra suya. En el capitalismo, los obreros no somos dueños de nuestra propia vida, sino que son los capitalistas los que deciden quiénes de nosotros tenemos derecho a trabajar, a comer, o incluso deciden dónde tenemos que vivir (como la propuesta de la patronal como “remedio contra los despidos”: ¡que los trabajadores se muden a Polonia!). Cuando les plantamos cara como durante los últimos meses, demostramos que la organización obrera puede frenar, aunque sea temporalmente, cualquier medida que tome la patronal. Sin embargo, la burguesía sólo tiene que esperar el tiempo suficiente para que se calmen las tensiones y reanudar con el proceso. De esta forma es como se están llevando fuera una a una las fábricas de todo Madrid Sur. 

Por eso, tenemos que recuperar el hilo rojo de la historia, para hacer nuestra la experiencia que otros han dejado tras de sí, conocer y hacer eco de sus métodos organizativos y de sus estrategias. El movimiento obrero se hace fuerte si sale de los límites de su fábrica, se gana la solidaridad de toda la clase y se nutre de las ideas de los grandes revolucionarios. Hablamos de esas ideas que, cuando la clase obrera las hizo suyas, se unió y se organizó en un solo puño contra el capitalismo, construyendo una herramienta fundamental, el Partido. Que sirvieron para expropiar a la burguesía, recuperando así todo de lo que se apropian injustamente. Las ideas que aspiran a cambiar las cosas desde la raíz, y construir así un mundo nuevo: el socialismo científico. Tenemos que recuperar las ideas que la burguesía ha intentado enterrar durante todos estos años, llevarlas al resto de nuestra clase y acabar con nuestra condición de eternos explotados que resisten a las agresiones del capital.