DE CÁDIZ A GETAFE: AIRBUS CIERRA EN PUERTO REAL

Apenas 7 meses después de la huelga en Aciturri, subcontrata de Airbus, vuelve a estallar un conflicto en el sector aeronáutico: esta vez, en la empresa matriz. Airbus, que controla el monopolio de fabricación aeronáutica civil y militar en Europa, no duda a la hora de cerrar su planta de Puerto Real (municipio de Cádiz), que da empleo a 400 trabajadores. Según dicen, la crisis aeronáutica generada por la COVID-19 y el fin de la fabricación del modelo A380 obliga a la multinacional a hacer este tipo de reestructuraciones. Ahora bien, sea cual sea el motivo, tenemos siempre el mismo resultado: despidos masivos, destrucción de empleo y un futuro incierto para la clase trabajadora.

(Foto 1: vista aérea de la fábrica de Airbus en Puerto Real)

CRISIS Y LUCHA EN TODA LA BAHÍA

El 7 de abril hubo una reunión entre Lasaga, director de RRHH en España y Schöllhorn, responsable de operaciones de la rama civil de la empresa. En ella, se acordó lo que ya estaba más que decidido: el cierre de Puerto Real y el traslado de la producción de los estabilizadores del A330 y del A350 a Getafe y el del A320 a Puerto de Santa María. Para lo que les sirvió realmente esta reunión fue para ver de qué forma se hacía todo este proceso sin que se armara demasiado escándalo (spoiler: se acaba armando).

Para entender la gran lucha que ha vivido Puerto Real durante todos estos meses, hay que visualizar el papel que tiene una empresa como Airbus en uno de los centros industriales más importantes de Andalucía. Con sus 25 años de arraigo, la fábrica de Airbus moviliza a gran parte de la industria de Puerto Real. Su presencia era tan relevante que se iba a construir un nuevo polígono (pol. de las Aletas) para ampliar la industria aeronáutica, pero finalmente ese proyecto se abandona en 2017. El verdadero papel que juega Airbus, y lo que ha hecho estallar a todo Puerto Real, es la enorme red de subcontrataciones y empresas locales que dependen de la industria aeronáutica: el trabajo de cientos de estibadores, trabajadores de astilleros, transportistas, operarios auxiliares, y un largo etcétera, está en seria amenaza con el cierre de la planta.

La población de Puerto Real todavía tiene el recuerdo del cierre de Delphi (automoción) y de su traslado a Polonia en 2007, y de la sempiterna crisis en la que está sumido el sector naval, que no para de hundir pymes. No hace falta irse tan lejos: ya en septiembre del año pasado una de las principales subcontratas de Airbus, Alestis, anunció un ERE de 582 trabajadores, siendo 182 de Puerto Real. Ya se pueden entrever los planes que tienen para la Bahía y Puerto Real: turismo de playa, polígonos tecnológicos y contratos basura para los trabajadores gaditanos.

Es por estos motivos que la clase obrera se ha organizado en Cádiz, levantando un campamento “Campus de la Dignidad” durante más de 40 días, y organizando una huelga indefinida en mayo a la cual se unirían trabajadores de empresas auxiliares. En junio continúan las protestas, convocándose varias manifestaciones y una Huelga General para la provincia de Cádiz. Los vientos de lucha llegan a Getafe, donde desde hace meses se estuvo caldeando el ambiente con concentraciones (alguna bajo la preocupada y lejana mirada del Borbón) encierros en la fábrica y una marcha masiva desde la fábrica hasta el Ministerio de Industria, con la participación de un importante sector de obreros gaditanos. En palabras de los propios trabajadores: “como en Cádiz ya nos conoce todo el mundo, tuvimos que venir a Getafe”.

EL COCO SE QUITA LA CARETA

Quizá lo más paradigmático de todo este ciclo de luchas es el gran papelón del sindicalismo amarillo. Si bien en abril sindicatos como CCOO convocan manifestación en Getafe, en junio se les pasa el lapsus y cierran filas con la patronal. CCOO y UGT desconvocan huelga y movilizaciones tras exponer a la patronal la propuesta planteada junto al Ministerio de Industria. Sobre la huelga y la marcha del 11 de junio convocada hasta el ministerio por CGT, CCOO la califica de ilegal. Nada nuevo bajo el sol: sindicatos y gobierno se muestran como cogestores del capital, y una lucha obrera que, si bien encauzada organizativamente por la burocracia sindical, sólo tiene que plantearse de forma mínimamente coherente y digna para salir de los límites impuestos por ésta. Y el campus, los neumáticos ardiendo y los cubos de estiércol frente a la fachada del PSOE son clara muestra de ello.

(Foto 2: ¡estiércol para el PSOE!)

Respecto al acuerdo, de buen recibimiento por parte de la patronal, se puede esperar lo peor. Como decíamos al principio del artículo, la filosofía de la negociación es calmar el conflicto. Para eso hace falta llevar un discurso “tranquilizador” y evitar medidas como ERES, al menos cuando el conflicto está en auge. Simplemente ateniéndose al convenio, Airbus puede hacer buenas “jugarretas”, como los planes de prejubilación que liquidan puestos, o la recolocación en otros centros o en subcontratas con condiciones más precarias y que al final terminan en despido. Algo que controla bastante bien la clase dominante, son los tiempos a la hora de emprender cualquier proceso de reestructuración, como indiqué en el artículo sobre John Deere.

Además, la negociación entre sindicatos, empresa y Gobierno representa el lado político de la cadena de transmisión de poder del capitalismo monopolista. De los CEOs de la multinacional, hasta la postura del comité de empresa frente a la huelga, se comprende todo un proceso jerarquizado de negociación y toma de decisiones, en el que la representación de los intereses de la patronal vertebra el proceso. Si bien la verticalidad del sindicalismo ya no es tan explícita como en el franquismo, que había directores y jefes en los comités de empresa, resulta innegable que estos sindicatos, aunque sus direcciones estén conformadas por trabajadores (a veces ni eso), representan los intereses de la burguesía. Y aquí la idea de que las elecciones sindicales son una forma 100% democrática de fiscalizar a la dirección se cae cuando tenemos en cuenta la gran burocracia sindical y su funcionamiento clientelar. Al igual que las elecciones al Parlamento, ni existen opciones que representen los intereses de la clase obrera, ni hay igualdad de condiciones entre facciones burguesas en el proceso electoral.

Finalmente, otro rasgo a nivel estructural: si existe cadena de transmisión política, obviamente también a nivel económico. Airbus no sólo controla el monopolio aeronáutico junto a Boeing por ser líder del sector, sino que este se estructura de forma que estas empresas controlan toda la producción del sector. Un monopolio funciona así: los principales accionistas de Airbus, empresa matriz, controlan las principales acciones de las empresas filiales (subcontratas), que a su vez controlan las empresas nietas o subsidiarias. Nikitin (1987) explica este Sistema de Participación de la siguiente forma:

“Un importante financiero o un grupo de ellos se vale de su paquete de control de las acciones o de otros medios para controlar la sociedad anónima básica, que es la “sociedad matriz”. Esta adquiere acciones de otras sociedades anónimas, y al poseer los paquetes de control de las acciones maneja las “sociedades filiales” dependientes de ella, las que, por su parte, disponen de otras, de “sociedades nietas”, y así sucesivamente. Este “sistema de participación” permite a los financieros que posean 1.000 millones de dólares, por ejemplo, manejar hasta 8.000 millones. Mediante el “sistema de participación” se amplía más y más la esfera de actuación del gran capital. Dicho sistema puede representarse en forma de pirámide, en cuyo vértice de hallan los mayores magnates del mundo financiero.”

esquema del
(Imagen: esquema del “Sistema de participaciones”. Visto en: www.gestiopolis.com)

La consecuencia fundamental de esto resulta hasta intuitiva: si cae la matriz, caen el resto. Pero está claro que esta “caída” sólo supone el cierre puntual de algunos centros. Recordemos que Airbus es una multinacional formada por capital de las mayores potencias de la UE, con sede en 6 potencias mundiales y que cuenta con hasta 4.000 subcontratas, 200 en España. Si en un momento dado se ve con menor carga productiva, cuenta con las herramientas necesarias para desmantelar y dejar a los trabajadores en pañales.

¿QUÉ FUTURO NOS ESPERA?

Si algo podemos tener en claro es que los planes de reconversión son a largo plazo. Más allá del caso local de Puerto Real o de las crisis de superproducción o los efectos del COVID, que sólo aceleran el proceso, el bloque occidental imperialista está en una crisis constante. Y esta crisis la están pagando los trabajadores.

Aunque suene desalentador, el empeoramiento de nuestras condiciones per se no va a generar conciencia revolucionaria. De hecho, la desesperación y la rabia pueden llevar a amplios sectores de la clase obrera a alinearse con ideas reaccionarias en actual desarrollo. Sin ánimo de ser alarmistas, fenómenos como el papel secundario de España en la UE, la creciente incapacidad del capitalismo de garantizar trabajo a la clase obrera, y la actual hegemonía del revisionismo en el movimiento comunista, generan un escenario futuro en el que el fascismo no resulta una opción tan extraña. En resumen, y por si esto pudiera generar dudas, sólo basta con observar la situación actual: si la conciencia surgiera de la pobreza, ya tendría que haber estallado una revolución hace tiempo.

De esta forma, la conciencia no se eleva sola: hay que revolucionarla. Esta es la tarea principal que nos marcamos, de la cual se desprenden más tareas para nuestro momento concreto. Por un lado, criticar nuestra situación hasta la saciedad. Pero no basta con criticar sólo las situaciones de injusticia que vivimos en el día a día, pues esto no sirve de nada si no se expone cómo funciona el sistema que se sustenta en esta opresión; si no se desenmascaran a los esquiroles de despacho o a los oportunistas que dicen representar a nuestra clase; si no se muestra cómo estos se benefician del reparto de beneficios imperialistas.

Por otro lado, esta conciencia crítica, no resultará fructífera si no se transforma en conciencia revolucionaria. Entender cómo funciona el capitalismo tiene que servir para saber cómo destruirlo. Aquí es donde se pasa de la crítica a la acción: para acabar con esta situación de expolio en la que nos vemos los trabajadores, hay que transformar la rabia en conciencia, y la conciencia en organización. Para ello, hace falta un Partido que lleve a cabo la lucha a todos los niveles, de forma que por cada agravio del capital, surja una conciencia encaminada a acabar con toda opresión.