Cultura militante: Cuando el Rap se vuelve revolucionario

El Hip Hop siempre se ha caracterizado por ir contra corriente, revelándose contra el sistema. El Rap catalogado como el estilo de música de la calle por excelencia, se consigna como la forma de dar voz a la cultura del proletariado. Sin embargo, ¿hasta qué punto puede el rap salirse de lo hegemónico y consagrarse como revolucionario?

Logo de Demencia Lirika

La cultura actual es fruto de la base económica en la que vivimos: el capitalismo. Esta cultura se basa en el consumo y la reproducción de relaciones sociales que convienen a la perpetuación de este sistema. Esto también se traduce en dinámicas autodestructivas (sobre todo para la clase obrera) como son el alcohol y las drogas, muy ligadas a la visión que se tiene de la cultura Hip Hop entre los jóvenes que ven en las drogas un alivio y evasión a los problemas psicológicos que supone vivir en el capitalismo.

Es común pensar en el Rap como una lucha de egos entre raperos, fardando del dinero que ganan y de lo “chungos” que son. Sin embargo, también podemos encontrarnos raperos poniendo voz a la clase proletaria:

En el Estado español la precariedad y la pobreza obligan a los chavales a cometer actos que, en circunstancias de estabilidad económica y de seguridad en sus vidas o de un futuro claro, no harían.”

Denuncian Demenzia Lirika, un grupo de rap underground compuesto por El Puto Meji y Camarada BKN. Para ellos es muy importante que su música ponga voz a los oprimidos y saque a la juventud de dinámicas nocivas:

“Nosotros preferimos dedicarnos a este arte antes que dedicarnos a la mala vida: preferimos reflexionar y hacer reflexionar sobre nuestra realidad antes que envenenarla más.”

El rap más revolucionario es aquel que molesta y pone nervioso a nuestro enemigo y que nos permite reflexionar sobre nuestra condición y necesidad de lucha. No es casual que raperos como Pablo Hasel acaben en la cárcel por hacer un rap señalando la necesidad de acabar con el sistema capitalista: por lo visto, “demasiada gente escucha sus letras y es un peligro.” Nuestra clase necesita nuevos referentes, vías de escape, formas de socializar alejadas del consumo y organizarse para luchar. Todo tipo de cultura que vaya encaminada a solventar estas necesidades, puede ser considerada como “revolucionaria”.

Por todo esto, es importante señalar la “cultura militante” como una cultura revolucionaria que viene para romper con la cultura hegemónica que promulga la ideología capitalista, a señalar los problemas reales de la clase obrera y a encauzar la lucha hacia un bien común:

La emancipación de la clase obrera y la ruptura con el Capitalismo.