hijos e hijas de manifestantes sujetando una pancarta que dice SINTEL SOLUCIÓN YA

Sintel. Cuando la huelga se queda corta.

“Nos vais a ver. Queráis, o no queráis”

La lucha de los trabajadores de Sintel, filial de Telefónica vendida para su desmantelamiento en 1996 y por la cual no fueron indemnizados hasta 2013, se ha visto marcada en todas sus etapas por el silencio sepulcral al que deliberadamente fue condenada. Aznar y Felipe González, ambos vinculados al mafioso cubano Jorge Mas Canosa que la compró, se encargaron de utilizar todo el poder del que disponían para dificultar su lucha. Los medios de comunicación y los dirigentes de CCOO se postrarían sin miramientos ante esta voluntad, manteniendo el ostracismo de los trabajadores de Sintel hasta el presente.

Foto aerea del campamento de la esperanza, 21 días de acampada. 18-02-2001
Foto aerea del campamento de la esperanza, 21 días de acampada. 18-02-2001

Sintel fue una filial de Telefónica hasta 1996, año en que fue vendida a Mastec, la empresa privada del mafioso cubano Jorge Mas Canosa. Hasta entonces, Sintel era una empresa pública con beneficios millonarios, pero con una complicación muy molesta: una tradición de lucha sindical excepcional que la llevaba a tener los mejores convenios del sector, sentando precedente para las negociaciones colectivas en otras empresas.

Un trabajador de sintel sentado frente al cordón de la UIP que les impedía el acceso de la manifestación del 1 de mayo de 2003. (Fuente: Documental 200 km)
1 mayo: Un trabajador de sintel sentado frente al cordón de la UIP que les impedía el acceso de la manifestación del 1 de mayo de 2003. (Fuente: Documental 200 km)

EL PLAN DE EXTINCIÓN

Durante los años previos a la venta, las reuniones entre Mas Canosa y los dirigentes de ambos partidos españoles eran frecuentes. De la búsqueda del beneficio mutuo surgió el acuerdo de venta: las acciones de la empresa de Mas Canosa se dispararían, puesto que el capital de Sintel era mucho mayor que el que dicho gánster tenía en posesión antes de la compra. Por otro lado, la campaña de Aznar fue financiada por Mas Canosa, quien además accedió a proporcionarle su avión para su tour por Centroamérica. Por último, Aznar accedería a dar carpetazo político al tema de los GAL, los escuadrones de asesinos a sueldo del PSOE, relegándolo al arbitrio del poder judicial sin más investigación parlamentaria. Para favorecer la elusión de responsabilidades, la venta de Sintel se sucedería durante el gobierno en interinidad de Felipe González tras perder las elecciones, a la espera del pacto de investidura de Aznar.

Telefónica acepto sin miramientos que la filial había sido regalada.

Mastec nunca pagó la compra de Sintel. Ante esta infracción del pago, Telefónica decidió no reclamar ante los tribunales, aceptando sin mucho miramiento que la filial había sido regalada. Lo que sí decidió hacer Telefónica fue retirar la cartera de trabajo de Sintel, es decir, eliminar la fuente de ingresos de una empresa que hasta entonces servía fundamentalmente a Telefónica. En definitiva, primero regala la filial, y después la asfixia. Y con ella, a sus 4000 trabajadores y a sus familias. Tras apenas cuatro años bajo el control de la familia Mas Canosa, Sintel se declara en suspensión de pagos y anuncia un expediente de extinción de dos tercios de la plantilla.

EL CAMPAMENTO DE LA ESPERANZA

Cientos de trabajadores acamparon durante 187 días en el Paseo de la Castellana

Tras años de lucha, y viéndose a las puertas del desempleo por una venta por motivos puramente políticos, los trabajadores fueron conscientes de un obstáculo adicional: el silencio mediático absoluto que negaba cualquier tipo de cobertura  a sus huelgas y manifestaciones masivas. Ante esta situación, y buscando romper el bloqueo mediático, marcharon en columnas hacia Madrid y, una vez allí, varios cientos de trabajadores acamparon durante 187 días en el Paseo de la Castellana. Esta acampada sería bautizada como ‘Campamento de la Esperanza’. Una acción de esta magnitud sólo se explica observando el historial de organización y lucha de la plantilla, habilidades colectivas que no se desarrollan de la noche a la mañana. La solidaridad del pueblo madrileño y de sus organizaciones sociales fue otro factor crucial.

Esta lucha encarnizada contó con todo tipo de oposición. Destacan, por su naturaleza traidora, las presiones de los dirigentes de CCOO para que se aceptasen acuerdos que los representantes de los trabajadores consideraban inadmisibles. Pocas veces  la burocracia sindical se ha mostrado tan descaradamente  en contra de la lucha de sus bases, instándoles por todos los medios posibles a cesar la lucha. Los tiempos en que el aparato de CCOO enarbolaba las luchas de la obrera habían terminado mucho tiempo atrás. En 2001, la burocracia del sindicato ya había asumido por completo el rol que mantendría nuestros días: encauzar las reivindicaciones obreras, limitándolas, conteniéndolas, y culminándolas en acuerdos de dudoso provecho para los trabajadores, siempre contenidos por las líneas rojas que marcan los intereses del capital.

Y así fue. El campamento se levanta el 3 de agosto de 2001 tras el acuerdo entre los secretarios de los sindicatos y el consejo de ministros, unánimemente aprobado en el parlamento. Aunque los representantes de la plantilla de Sintel habían sido excluidos de las negociaciones, el acuerdo cumplía las expectativas de los mismos. Levantaron el campamento con alegría, obtenidas sus reivindicaciones.

12 AÑOS DE PRÓRROGA

El gobierno no cumple el acuerdo y el parlamento, que lo había aprobado, no exige  al gobierno ningún tipo de explicación de por qué no lo cumple.

En este punto comienza lo que terminaría de marcar a los trabajadores de Sintel. El gobierno no cumple el acuerdo. El parlamento, que lo había aprobado, no exige  al gobierno ningún tipo de explicación de por qué no lo cumple. Los representantes confederales de CCOO dan un paso más allá; un paso suficientemente largo como para cambiar de bando. Si antes del acuerdo habían intentado contener la lucha, tras el acuerdo cerraron filas con el capital. Adolfo Jiménez, presidente del Comité Intercentros, narra en una entrevista de 2008 cómo los dirigentes de CCOO iniciaron una campaña de acoso y derribo pública contra sus afiliados, los trabajadores de Sintel. La burocracia sindical utilizó todos los medios de comunicación a su alcance para difamar a los trabajadores en una campaña propagandística en torno a un eje muy concreto: el acuerdo no se cumplía porque los trabajadores de Sintel eran unos vagos que no aceptaban las ofertas de trabajo. Los trabajadores siempre negaron que existiesen dichas ofertas de recolocación, pero el impacto de esta campaña de difamación causó graves problemas, tanto psicológicos como familiares, a lo largo y ancho de la plantilla.

El mensaje era claro: Cuanto más lejos llevasen los trabajadores su lucha, más agresivamente defenderían los intereses del capital los dirigentes de CCOO. Estas tensiones se cristalizan en los eventos del 1 de mayo de 2003. Tras sortear pacíficamente un dispositivo policial que pretendía negarles el derecho de unirse a la manifestación, los trabajadores de Sintel protestaron contra los representantes de su propio sindicato en denuncia de su traición. La jornada termina cuando el secretario general de dicho sindicato y responsable último de la campaña de acoso, José María Fidalgo, recibe un palazo en la cabeza que le hace sangrar profusamente. Este señor que fue, como ya hemos señalado, secretario general de CCOO, terminaría siendo amigo íntimo de José María Aznar, presentando sus memorias y colaborando con la fundación FAES. ¿Se volvió un fascista por el palazo en la cabeza, o le dieron un palazo en la cabeza por fascista? Jamás lo sabremos.

Josemaris: José María Aznar y José María Fidalgo en un acto de la fundación FAES, el think tank derechista presidido por Aznar.
Josemaris: José María Aznar y José María Fidalgo en un acto de la fundación FAES, el think tank derechista presidido por Aznar.

A partir de aquí, los esfuerzos de los trabajadores se centran en dos actividades. Una, en los tribunales, para recuperar el dinero que se les debía en concepto de nóminas e indemnizaciones. Este turbulento viaje terminaría no antes que 2013, 17 años después de la bochornosa venta a Mastec, cuando los representantes de los trabajadores alcanzarían un acuerdo extrajudicial de 35 millones de euros con la familia del fallecido magnate. La otra, la fundación de Sintratel, empresa cooperativa nacida en 2003 fruto de la necesidad de los trabajadores de desempeñar su oficio tras el incumplimiento del acuerdo obtenido en 2001.

LA HISTORIA DE SIEMPRE, LA LUCHA DE CLASES

El poder Ejecutivo y el Legislativo se mostraron absolutamente incapaces de -y reacios a- incidir a favor del movimiento obrero, incluso habiendo votado a favor y firmado todo lo firmable.

Es difícil extraer conclusiones concisas de un conflicto tan largo, tan profundo, y con tantas partes involucradas, pero hay un hilo conductor claro, y es la línea que delimita la clase. El poder Ejecutivo y el Legislativo se mostraron absolutamente incapaces de -y reacios a- incidir a favor del movimiento obrero, incluso habiendo votado a favor y firmado todo lo firmable. El poder Judicial tardaría más de una década en compensar, muy a duras penas (en muchos casos amenazó la Justicia con cerrar el caso), a los trabajadores de Sintel. Los grandes medios de comunicación mostraron su naturaleza interesada; muchos periodistas lo reconocieron en el futuro, y los despidos de los que se negaron a  informar dieron prueba de ello. La estructura estatal de los grandes sindicatos destapó su verdadera función: encauzar los conflictos obreros, evitando que pongan los intereses estratégicos del capital en entredicho, incluso si ello implica pisotear a sus propios trabajadores afiliados.

En definitiva, se demostró que la clase trabajadora solo se tiene a sí misma, a su organización, y a su solidaridad. Sin un proyecto político propio, como explicamos en el artículo sobre las elecciones en Madrid, no tiene nada por ganar. No pueden contar ni con diputados, ni con ministros, ni con jueces. Cualquier apoyo externo es superfluo, interesado, temporal. Las promesas, los acuerdos ministeriales, las resoluciones parlamentarias… no tienen peso real sin una fuerza social objetiva que imponga su vigencia. Si la clase obrera quiere librarse de su opresión, necesita organizarse en torno a una estrategia propia, sin influencia de la patronal ni compromisos basados en la vacía ‘paz social’ con sus explotadores. Esto pasa inevitablemente por quitarnos de encima a los políticos y burócratas que dicen representarnos, pero que a la hora de la verdad no dudarán en dejarnos tirados y vendernos al mejor postor. Comprender esto es entender la importancia de la independencia política de la clase.

Salvo el poder, todo es ilusión.